Entre sinfónicos y nostalgia: Mijares conmemora cuatro décadas de carrera
- Eduardo Martínez

- 17 abr
- 2 min de lectura

Hay artistas cuya música no sólo atraviesa generaciones, sino que permanece ligada a la memoria emocional del público. Así quedó demostrado el pasado 15 de abril, cuando Manuel Mijares celebró cuatro décadas de carrera con Mijares Sinfónico en el Auditorio Nacional, en una velada donde la nostalgia, la elegancia y la potencia vocal se apoderaron del escenario.
Puntualmente a las 21:00 horas, y acompañado por una orquesta de más de 40 músicos, Mijares apareció entre luces para abrir la noche con Si me enamoro, marcando el inicio de un recorrido por los grandes temas que han definido su trayectoria.
Con una producción sobria pero imponente, el concierto fue un homenaje vivo a su legado. Clásicos como Bella, Soldado del amor, No se murió el amor, Corazón salvaje y Nube azul resonaron con nuevos arreglos sinfónicos, mientras que su interpretación de temas de José José como El desesperado y Vamos a darnos tiempo sumó un guiño entrañable a la música romántica mexicana.

Uno de los momentos más emotivos de la noche llegó con la aparición de Emmanuel, quien no solo compartió escenario para interpretar No hace falta que lo digas, sino que dedicó un reconocimiento a la amistad y trayectoria que los une desde hace años. A este homenaje se sumaron Daniela Romo, con una entrañable versión de Hasta el fin del mundo, y Yuri, quien encendió al público con Acompáñame. Más que una sucesión de éxitos, el concierto se sintió como una celebración compartida entre artista y audiencia. Cada canción despertaba coros colectivos,
recuerdos y una ovación constante para una voz que, tras 40 años, conserva fuerza y sensibilidad.
El cierre llegó con una recta final memorable: Uno entre mil, Para amarnos más y, por supuesto, El privilegio de amar, que puso punto final a una noche
profundamente emotiva. Antes de despedirse, Mijares subió al escenario a Lucero, regalando un último instante de complicidad con su público.
Mijares Sinfónico no fue solo un concierto conmemorativo, sino una declaración de permanencia: la confirmación de que hay canciones —y artistas— que nunca dejan de acompañar.









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